La Visión Trascendental, Nierika, de Nuestro Bisabuelo Hecho Por Si Mismo Sabiéndolo Todo, Tatutsí Xuweri Timaiwe'eme

 

 “En los primeros tiempos muchas cosas tenían que salir de Tatutsí Xuweri Timaiweeme (Nuestro Bisabuelo Hecho Por Si Mismo Sabiéndolo Todo), para que este mundo pudiera vivir de su iyari, corazón/memoria. El fue el que pudo hacer nuestra vida al llegar a Ixrüapa (el Centro). Vio que estaba cerrado de oscuridad y al mismo tiempo escuchó en su Nierika (apertura trascendental): ¿quién es que me hablaba…? Era Utüanaka, que cuando caminaban les hablaba. Tatutsí Xuweri entendía lo que pensaba, porque él no hablaba, pero su corazón sí. Se formaba un remolino de viento cuando respiraba. Tuamuxawi (el Cultivador Primordial) vio una cola de venado que hablaba así: ¿de dónde vienes…? Yo soy Tatutsí Maxakuaxí, Nuestro Bisabuelo Cola de Venado, vienes pisando en mi pecho, a donde vemos la luz tienes que entregar toda la semilla y buscar donde estar después. Cuando llegó el tiempo se sintió que toda la tierra se estaba moviendo para que las cosas pudieran aparecer en este mundo. Esto autorizó Tatutsí Xuweri Timaiweeme. Colocó su iyari (memoria/corazón), Tatutsí Maxakuaxí, Nuestro Bisabuelo Cola de Venado, y Tatutsí Tawikuni, Nuestro Bisabuelo Pecho Hendido, en sus lugares. Nombró a Maxakuaxí para colocar a Nuestras Madres, Tateteima, en sus lugares en Ixrüapa. Dispuso también como ürükuákame (el encargado de las flechas sagradas y guía de la peregrinación) a Maxakuaxí.” 

(Escrito detrás de la tabla de 1,22 m. × 2,44 m., firmado y grabado por el artista José Benítez Sánchez, o sea Yucaüye Cucame, en 1980) con aclaraciones de Juan Negrín.

 

Esquemáticamente, el cuadro se puede dividir en tres planos horizontales: (1) El inferior, que comprende el mundo primordial y el pasado: de izquierda a derecha Nuestra Madre el Océano, Tatei Haramara, es una gran ave, con un par de plumas en su cabeza simbolizando Colas de Venado; Nuestro Abuelo Fuego, Tatewarí, está simbolizado bajo ella como llamas entre el vapor blanco del agua y a su derecha; Nuestro Bisabuelo Cola de Venado es el pilar de los caminos en el mundo (con una cola de venado saliendo de cada mano); Pariya, el Sol en la oscuridad, es aquí una chispa amarilla en la cabeza del hombre trepado sobre un adoratorio en el mundo primordial, donde una figurita simboliza  a la futura Mujer de Tuamuxawi (perrita negra, Maíz y Tierra). En el centro inferior está un bule como olla que contiene la semilla de la vida futura con Tuamuxawi a un lado y Takutsi Nakawé, Nuestra Bisabuela el Oráculo, ya del lado derecho; más hacia la derecha del cuadro, Nuestro Bisabuelo Pecho Hendido es el otro pilar del mundo, que recibe las aguas dulces que brotan de las cuevas; ellas están  representadas a la extrema derecha por Tatei Utüanaka, Nuestra Madre de los Arroyos, con Tatei Nüariwame, Nuestra Madre Mensajera del Agua Oriental, naciendo en forma de serpiente. (2) El plano central corresponde al mundo central y terrestre, donde se manifiesta Xuweri Timaiweeme, como una cabeza surgiendo encima de la olla en el inframundo y de un tepari (una piedra redonda) encima, que simboliza a nuestra tierra. Pegado a la izquierda de la cabeza de Xuweri aparece la figura personificada de Tatutsí Maxakuaxí, quien es su vocero. Tatei Yurianaka, Nuestra Madre Tierra Fértil, nace de la nata de Xuweri Timaiweeme, como una mujer con pechos blancos que son las fuentes del agua, en su espalda tiene dos símbolos de Colas de Venados y otro par abriendo el camino por su cabeza. A la derecha aparece otro nierika que refleja el mundo celestial, desde la derecha donde está la laguna del Sur, Tatei Xapawiyeme, cuando Nuestras Madres de la Lluvia se concentraron en Ixrüapa. Ambos discos simbolizan la visión global de Xuweri Timaiweeme, alrededor de la cual se desarrolla la vida del mundo. (3) El plano superior es el celestial, donde se revela Taweviékame, Nuestro Creador (el Sol en su Ascenso), con una cabellera irradiante. Se levanta sobre el Cerro Quemado, Xe’unaxü, (a la izquierda superior), entre rocas incandescentes y con dos peyotes verdes trazados en su pecho. Quien dirigió su camino como ürükuákame fue Tatewarí (parado a la extrema izquierda superior), que se comunica con Tamatsi Kauyumari, Venadito del Sol. De la cabeza de Kauyumari, que es el alma del Venado Sacrificado, salen caminos, como serpientes para comunicarse con todas las direcciones. Uno baja para penetrar el adoratorio de Tatutsí Maxakuaxí en Wirikuta donde nace el Sol en el oriente     

 

Detalles: El centro inferior de la tabla representa el primer mundo, en cuya matriz (una jícara como una olla en la parte baja) todas las cosas permanecían ocultas como semillas dentro de un bule. Encima de la jícara está conectado un disco de piedra, tepari, que simboliza la aparición de nuestro propio mundo. En el inframundo vagaba Tuamuxawi, el Primer Cultivador (a la izquierda de la jícara), hasta que se encontró con Takutsi Nakawé, Nuestra Bisabuela del Crecimiento, el Oráculo (a la derecha de la jícara). Ella es quien le advirtió de la proximidad de un diluvio. En la casa que aparece en la izquierda inferior de Tuamuxawi está la criatura que fue su primera mujer y Nuestra Madre Tierra, Tatei Yurianaka. Kieraka, la serpiente azul detrás de él es el camino por el cual escaparon de la inundación, entendido también como el pecho de Cola de Venado, Maxakuaxí, una escalera/cola que es su ser esencial. Cuando estaba por amanecer el Sol,  toda la Tierra comenzó a sacudirse y a retumbar. Al escuchar la palabra de Xuweri Timaiweeme, Maxakuaxí en persona a la izquierda de su rostro abrió el camino a nuestro mundo, que fue formado a lo largo de la escalera de su cola.

 

Tatei Yurianaka, Nuestra Madre la Tierra Fértil, se despliega en forma humana hacia la izquierda del centro y a partir de la nata oscura que se cuajó sobre la orina de Xuweri Timaiweeme, cuando éste se batía en Ixrüapa. Los pechos blancos de Yurianaka son las fuentes de toda el agua y la fertilidad. Uno de sus brazos se extiende hacia el inframundo, donde está el sol fetal, como una chispa amarilla en su figura nocturna. Ella le dijo a  Tayau, Nuestro Padre Sol: “Camina sobre mí hasta que llegues a Wirikuta, ‘Donde se pinta el rostro de nuestros Antepasados’.” Entonces él viajó a lo largo de su otro brazo (camino largo que se extiende arriba a la izquierda sobre el margen superior) y  se levantó por encima de la tierra en Xeunaxü, Cerro Quemado (figura invertida en el margen superior izquierdo). De sus cabellos salen rayos y sostiene las plumas, astas y colas de venado de un chamán; en su cuerpo hay dos peyotes como círculos verdes y puntos blancos. A la derecha  están tres figuras de petaquines, o sea cestos rectangulares donde los chamanes cargan los instrumentos sagrados para comunicar con Nuestros Antepasados, que simbolizan sus palabras depositadas en la tierra.

 

Tatewarí, Nuestro Abuelo Fuego, el primer chamán y guía de la peregrinación a Wirikuta, está arriba en la izquierda superior y es quien encendió el Sol Naciente. Enseña los rituales del Sol a las dos figuras que sostienen velas y permanecen a cada lado de un bule de tumari, atole crudo. Ellos son Tamatsi Paritemai, Nuestro Hermano Mayor el Alba (a la derecha) y Xurawetemai, Estrella de la Mañana (a la izquierda del bule). Abajo de Tatewarí está la figura de Tamatsi Kauyumari, Nuestro Hermano Mayor Venadito del Sol, con una cabeza azul de venado, y que representa el alma de Maxakuaxí, cuyo sacrificio fue hecho para que saliese Nuestro Creador el Sol. Las serpientes que salen de su cabeza son sus canales de comunicación: viajan en todas las direcciones, volviéndose nierikate (como dos caras u ojos visionarios) y peyote (encima de su cabeza). La serpiente debajo de Kauyumari y para la derecha entra al templo en el que se ha convertido Maxakuaxí: así Kauyumari establece contacto con Xuweri Timaiweeme.

 

Tuamuxawi, el Primer Cultivador, aparece ligado a las astas de Tatei Yurianaka, sobre la espuma blanca del agua para hacer contacto con el dorso de Tatei Haramara, Nuestra Madre Océano, en forma de ave grande conteniendo otras figuras. Su camino es una serpiente que sale de una cola de venado debajo de él. Tuamuxawi vuelve a aparecer como la figura encorvada en el margen izquierdo, frente a Haramara como ave. Le pide a Haramara que su iyari, corazón-memoria, permanezca entre las rocas donde tiene su coamil y le hace un adoratorio. La flor de calabaza sobre la roca simboliza donde buscó poner su primera milpa. 

 

Tatei Haramara contiene a todas las madres de la lluvia en su ser y todas vuelven a ella. Ella se sacrificó para que sus pensamientos y memoria pudieran alcanzar el Nierika de Tatutsima, la Visión de Nuestros Bisabuelos (gran disco amarillo y púrpura). Este nierika es para Nuestros Hermanos Mayores la trampa de lazos en la cual fueron atrapados los primeros venados (que se ven debajo del nierika); su sangre fue recibida por Yurianaka. Una serpiente conecta los cuernos de uno de los venados a un colibrí; este pájaro representa el iyari de Yurianaka y las gotas de rocío son la primera claridad, alma, küpuri, que sale del Océano. Conectada al pico de Haramara hay una matriz negra que contiene a Tatei Haütsi Küpuri, Nuestra Madre Rocío Alma. En el pecho de Haramara, se dibuja Tatei Xapawiyeme, Nuestra Madre Agua del Sur, una figura grande con su nierika. Detrás de ella, las piernas de Nuestro Abuelo Fuego apuntan hacia arriba donde éste tiene un nierika entre sus pies. Tatewarí, Nuestro Abuelo, es quien hace que el agua se levante como vapor (puntos amarillos). La figura de cara azul (en el cuadro inferior izquierdo) es Tatei Witari, Nuestra Madre Las Lluvias, movida por una Cola de Venado y convertida en una pequeña figura agachada dentro de un ala de Haramara. El picacho a la derecha de Haramara es Tatewarí, Nuestro Abuelo Fuego, rodeado de Viento, Eakatéiwari, que dispersa el vapor de las aguas.

 

Las flechas por encima de Xuweri Timaiweeme representan sus pensamientos, ya con nombres de entidades específicas al manifestarse sobre la tierra. Cada Antepasado está contenido dentro de una de las flechas. Las cinco flechas a la izquierda, utata,  representan Tamatsima, a“Nuestros Hermanos Mayores”, que se manifestaron en este mundo. Las cinco a la derecha, tserieta, representan las Tateteima, “Nuestras Madres”. “Al principio eran espíritus puros en Tatutsi Xuweri Timaiweeme, luego se volvieron seres personales, al terminar sus vidas se petrificaron en forma de picachos entre las piernas de los antepasados masculinos, y finalmente se volvieron memoria pura (filas de corazones) una vez más.”

 

Nuestros Antepasados son benditos en Wirikuta por la campana de Tatei Puguari, Nuestra Madre el Cempoal (parte superior centro-izquierda). Los machos aparecen bajo la flor como serpientes, equivalentes a flechas, y las hembras como peyotes, o jícaras redondas. El puguari es usado en el ritual para salpicar agua sagrada; esta primera flor, tutú, roció los nombres sobre Nuestros Antepasados, bautizándolos al salir de las puertas del mundo inferior, Watecüari. Antes de llegar a Tatei Puguaritá, Nuestros Antepasados no sabían cuáles eran sus nombres; no conocían küpuri, el alma, y tukari, la vida. El primer nombre fue dado en las puertas de Wirikuta. El borrego, muxá, y el toro, jaapani, son sacrificios apropiados que se ofrecen  para Nuestras Madres de la Lluvia, y su sangre es recibida por Yurianaka, en el centro.

 

Nuestras Madres de la Lluvia que ven a la derecha son Tatei Utüanaka, Haramara y Hautsi Küpuri. Ellas se dirigen en el centro hacia la flecha negra, detrás de ellas y encima de unas jícaras donde pusieron tumari, agua con atole de maíz, para festejar el sacrificio de Nuestro Hermano Mayor el Venado Azul, Maxayuawi; de este modo él les entrega su nierika, detrás de su cola , y ellas entraron por la flecha en una caja cuya cabeza a la derecha representa el esqueleto de Tacutsi Nakawé, pero era también el pecho hueco de Tatutsí Tawikuni, Nuestro Bisabuelo Pecho Hendido (figura grande sin piernas sobre el margen inferior). Su pecho hendido es el cañón central, Aitsáritsika, del territorio wixárika, huichol, y todos los otros lugares huecos de la tierra. La flecha emplumada, muwieri, conectada al centro inferior (bajo la jícara que simboliza la matriz) conduce hacia Tatei Xapawiyeme, Nuestra Madre del Sur, arriba. Contiene las palabras y las aguas del inframundo, simbolizadas en un petaquín de chamán, y son las aguas que brotan en nuestro mundo de los manantiales sagrados. El insecto bajo las plumas de la flecha es un espíritu de aguas que vuelven a Tetüapa, el inframundo. Tuamuxawi se posó después del diluvio sobre Nuestra Madre del Sur, Tatei  Xapawiyeme (cabeza verde con cabellos pálidos). Se le ve caminando sobre el sendero que se aleja de Xapawiyeme, buscando donde vivir y dejar su memoria (corazón que sale de su boca). Su destino, Tuamuxawitá, es la cabeza que se levanta al fin del sendero, comunicándose a través de su aliento con el nierika de Taheimá, o sea la visión del Cielo (la gran rueda a la derecha de la cabeza central Tatutsí Xurawe Timaiwe’eme). Los petaquines, o cestos de chamán, detrás de la mano de Tuamuxawi, contienen las palabras de Nuestras Madres del Agua, indicando su comunión armoniosa con ellas.

 

En su camino, Tuamuxawi encontró a Tatei Utüanaka, que le hace frente al final de su camino en un cerro donde iba a poner su coamil en Tuamuxawitá (que parece una cabeza sobre el sendero. Tuvieron como hija a Tatei Nüariwame, Nuestra Madre la Mensajera del Agua. Nüariwame aparece como la figura de una serpiente de cabeza azul (sección derecha inferior), amamantada por Utüanaka (cara con ojos blancos y extensiones en forma de llama saliendo de la cabeza); la voz de Utüanaka son “sus pensamientos que irradian como llamas en las cuatro direcciones.”Al nacer, Nüariwame era débil y sus padres no sabían lo que sería de ella. La regañaban, diciéndole “pareces una serpiente, no haces nada, ya no te queremos.” Utüanaka gastó muchas tortillas, collares y ofrendas (que se ven bajo su barbilla), pagando chamanes para que vinieran a curar a su hija; pero no mejoraba y se cansaron de tantos esfuerzos. Nüariwame decidió entonces huir y se convierte en la serpiente que escapa del techo del adoratorio (margen derecho). Se desliza entre las rocas y las flores, y se abrió un camino hacia el ojo de agua del oriente, Tatei Matinieri, Nuestra Madre que Nos Vigila (centro superior). Por donde quiera que fuera, se formaban lagunas y charcos. Aparece como una cara de venado en la derecha superior, pensando qué hacer: transformarse en toro, en serpiente, en nube (a lo largo del margen superior).

 

En Tatei Matinieri habló con su hermano Xikuákame, el niño calabaza, que la detuvo y le pidió que volviera a casa. Aún en su forma de nube, ella le prometió que así lo haría: “regresa y diles a Utüanaka y Tuamuxawi que se paren en el camino de regreso a la casa donde me verán, pues volveré.” Xikuákame se ve de regreso a su casa como tres tipos de calabazas de cuernos, orejas y colores diferentes. Sus padres la esperaron (derecha inferior del nierika) y ella volvió como una tormenta que destruyó su adoratorio. Dijo: “mi madre se queja por todos los collares que tuvo que pagar por mí, bien, voy a devolvérselo todo.” Lo devolvió en forma de granizo (puntos negros en una jícara invertida, junto a la línea negra del trueno que sale de la cornamenta de Venado Azul. Este último, a la izquierda  del nierika centro-derecho, simboliza el sacrificio de Nuestro Hermano Mayor Venado Azul en nuestro mundo, o sea el cuerpo físico de Nuestro Bisabuelo Cola de Venado a este nivel. El camino por el cual volvió Nüariwame (que conecta el centro superior con la palabra/llama de Utüanaka) es el camino que siguen las almas de nuestros niños (tres personas acostadas sobre el camino, entre jícaras inversas, bajo las figuras de las calabazas en persona) cuando se hacen las Fiestas de la Siembra y de los Primeros Frutos correctamente, a quienes el canto del chamán conduce a Wirikuta donde amanece; de esta manera, las tormentas del fin de las lluvias no son tan fuertes y las lluvias que caen de las jícaras son suaves sobre el campo, donde está el adoratorio y abajo a la derecha.

 

Explicación por José Benítez Sánchez, registrada en 1980.

Interpretada por Juan Negrín Fetter, que se la registró cuando se coleccionó.   

Derechos de Autor de Juan Negrín  © 2013-05-19(Revisado)

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              

        

 

 

     

  

José Benítez Sánchez

Año de creación
1980
Materiales y técnica
Plywood, Cera de Campeche (beeswax), and wool yarn
Dimensiones
Anchura
2.44m.
Altura
1.22m.
Profundidad
0.05m.