El indio que todos quieren: el consumo de lo 'huichol' tras la batalla por Wirikuta
Si existiera el alma de la mercancía que Marx ocasionalmente menciona en gesto, sería el más empático jamás encontrado en el reino de las almas, puesto que tendría que ver en todos el comprador en cuya mano y casa quiere acomodarse.
Walter Benjamin sobre “el alma de la mercancía”, citado en Beatrice Hanssen (2006:71).
Recuerdo cómo, hace años, mi padre y yo entramos a una tienda del Instituto Nacional Indigenista en Tepic que vendía una salsa picante llamada “Salsa Huichol”. Era 1995, y en esta ocasión la botella se exhibía a un lado de muñecos huicholes y entre las artesanías colgaba un cuadro de estambre que mostraba amapolas, marihuana, peyote y calaveras con el texto dibujado (también en estambre) de “di no a las drogas”. Siempre cínico, mi padre me señaló lo significativo que era la yuxtaposición de objetos que se vendían bajo los auspicios de la cultura wixárika: textiles, salsas, muñecos, eslóganes del Partido Revolucionario Institucional (que en el Nayarit de esa época regía sin competencia). Cosas elaboradas por manos indígenas y no indígenas, unidas bajo el pretexto de que el comercio de ‘lo indígena’ genera orgullo nacional y avanza la integración económica y cultural del indio. Mi padre siguió indagando: ¿Qué tenían en común estos objetos y por qué se relacionaban a un pueblo indígena?
Aunque solo tuviese trece años de edad, parecía que mi padre intentaba darme una lección temprana sobre el capitalismo y sus varias contradicciones, y el papel igualmente contradictorio y paternalista del gobierno. El Estado mexicano que impulsaba la artesanía huichol era el mismo Estado que desposeía al pueblo wixárika por medio de la corrupción que habilitaba cacicazgos regionales cuyo lucro se basaba en la tala desmesurada del bosque y la siembra de sustancias ilícitas, actividades que ligaban esta ‘región del refugio’ al capitalismo global sin importar los mecanismos extralegales por el cual se lograba esta circulación de bienes y capitales. Se creaban cuadros en contra del consumo de las drogas (colapsando todas las plantas psicotrópicas) mientras que se toleraban líderes locales que se beneficiaban de la geografía abrupta de la Sierra Madre Occidental que facilitaba la siembra y cosecha de amapola y marihuana en la sierra y su traslado poco vigilado hacia la costa occidental de donde despegaba para ser vendida en el Norte.
A veinte años de ese momento, Salsa Huichol es una marca consumida a escala internacional. Sin embargo, esta botella de salsa ahora se encuentra acompañada por varios productos que utilizan algún aspecto de la cultural estética y del idioma wixárika: tequila, chocolate, calzado, rebozos de seda, protectores para teléfonos móviles, bolsas para dama y productos para jardines verticales. En algunos casos, son empresas privadas incipientes que proclaman un compromiso social, aunque a menudo indeterminado, con el pueblo wixárika; otras empresas simplemente utilizan la estética huichol por su belleza barroca sin declarar algún compromiso filantrópico.
Sin duda la reciente explosión en el mercado de productos ‘huicholes’ es parte de un proceso global capitalista que depende de la creciente importancia social, política y ambiental de las identidades étnicas. Pero la tendencia de declararse una empresa social y ecológicamente responsablese muestra cada vez más vacua si se considera que hasta las trasnacionales mineras adoptan discursos sobre la biodiversidad y los derechos indígenas, cuestión que se ha debatido en torno al llamado “greenwashing” empresarial. Asimismo los nuevos horizontes capitalistas encuentran oportunidades en el diseño de productos que enfatizan conexiones sociales y compromisos filantrópicos, a menudo con pueblos que se imaginan como ‘otros’ por encontrarse distantes en el tiempo y en el espacio.
El siguiente artículo parte de un análisis crítico sobre la interacción frágil entre el uso dela cultura visual indígena, la filantropía y el lucro. Basándome en más de diez años de análisis de productos que utilizan la cultura wixárika (2003-2015), entrevistas semi-estructuradas, correspondencias en línea con diseñadores y productores y un taller llevado a cabo con mestizos e indígenas en donde se debatió la cuestión,2 exploraré la aceleración reciente de la producción de objetos basados en elementos huicholes. Dentro de este análisis sobresalen los roles del imaginarioy la representación, la otredad y el afecto como fuerzas que existen como telón de fondo, pero que no siempre se muestran de forma explícita.
Siguiendo debates sobre los usos y mal usos de ‘lo indígena’, arguyo que la comercialización de ‘lo huichol’ se logra a través de símbolos que marcan y comercializan la otredad indígena con lenguajes visuales que son universalmente reconocidos (Comaroff y Comaroff 2009: 24). En la mayoría de los casos que trataré, el indígena y su imaginado entorno natural son inseparables ya que la adquisición de dichos productos étnicos se acompaña de una narrativa de la protección de su territorio y ecología. De este modo estos productos operan dentro de una especie de zona de contacto en el que el consumidor se encuentra con un producto que resuena a través de diferentes “registros sensoriales a la vez, aumentando la adherencia del producto” y que capitalizan sobre la “estimulación de las emociones conectadas a las cosas y, así, generalmente produciendo mayor sujeción afectiva para aquellas cosas” (Thrift 2008: 39; Pratt 1991).3 El consumidor que nos interesa aquí forma parte de una tendencia mercantil que en teoría apoya el desarrollo y sustentabilidad del entorno ecológico de un pueblo indígena.
Mientras que gran parte del pueblo wixárika ha llegado a depender de la comercialización de sus bienes culturales, sea a través de la artesanía o del turismo espiritual dentro y fuera de su territorio aborigen, este ensayo se preocupa por la creciente comercialización de elementos culturales y religiosos wixaritari por personas y empresas no indígenas. Con él busco abrir mayor discusión sobre el alcance de estos proyectos empresariales para el pueblo wixárika en general y para ciudadanos wixaritari que viven, de manera cotidiana, el resultado de estos efectos. Es importante resaltar que la creciente cosificación de la religión y cultura wixárika ocurre durante un periodo en el que los wixaritari son cada vez más heterogéneos en sus asentamientos, profesiones y políticas, aunque la imagen del wixárika se sigue ubicando en sus asentamientos serranos o en sus peregrinaciones al desierto. Analizo cómo este boom en productos inspirados en la cultura wixárika ha interactuado con la defensa de Wirikuta, la ruta sagrada de peregrinación wixárika ubicada en el estado de San Luis Potosí y que ha sido objeto de controversia tras varios proyectos de minería.4 A raíz de esta coyuntura histórica pregunto: ¿Cuáles son los efectos que tienen estosproductos no-indígenas para la representación del pueblo wixárika y qué oportunidades sociales y políticas se encuentran en la economía que se basa en nociones de afecto y filantropía?
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